La plomada y la vertical del alma
Hay textos que uno relee durante años y que, sin embargo, cada vez que los abre encuentran una rendija nueva por donde entra la luz. Esta semana volví a Amós 7:7,8 y de nuevo, no me defraudó. La escena es de una austeridad casi desconcertante. No hay revelaciones grandiosas, no hay visiones de criaturas celestiales ni catástrofes cósmicas. Hay un hombre parado junto a un muro. Y una plomada. Una plomada. Esa herramienta elemental, casi humilde, que los constructores han usado desde que el ser humano decidió que quería levantar algo que durara. Un hilo. Un peso. La gravedad haciendo su trabajo silencioso e implacable. Nada más. Y sin embargo, en esa imagen cabe todo. He aprendido con los años que las preguntas de una sola palabra son las más peligrosas. ¿Por qué? puede desmontar un gobierno. ¿Quién? puede cambiar la historia. Pero hay una que las supera a todas en su capacidad de incomodar: ¿Qué ves? Es la pregunta que se formula en ese pasaje. Directa, sin adornos, sin contexto que ...